Lagarto Blanco
Imagina un vaso en una mesa en medio de una habitación. Podrías preguntarte si el vaso está medio vacío o medio lleno, pero lo que realmente te preguntas es: ¿qué será lo que tiene dentro el vaso? Te acercas y lo sostienes en tu mano. Ahora te preguntas: ¿quién lo dejó aquí? Justo cuando consideras tomarlo piensas en Alicia y dejas el vaso en su lugar. Caminas por la habitación. Te gustaría saber quién vive ahí o cómo llegaste. Nada tiene sentido.
Tomas el vaso y lo bebes. Empiezas a sentir que algo sucede dentro de ti y ya te ves empequeñecido y viajando al país de las maravillas. Sin embargo, lo único que sucede es que el mundo cambia de forma y todo aquello que te pareció imposible (ya sabes, vampiros, zombies, genios criminales, fórmulas científicas, realidades alternas) te parece verdadero. Crees que te has vuelto loco. Después lo piensas y sonríes, seguramente te has vuelto loco.
De repente ves una botella guardada bajo la mesa. Estás seguro que no estaba ahí cuándo llegaste.
En la etiqueta de la botella se lee: Lagarto Blanco.


Lagarto Blanco: Narrativa